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sábado, 24 de diciembre de 2011

Dos Bebes En Un Pecebre

Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la navidad. Les contamos acerca de Maria y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.

A lo largo de la historia; los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de sus sillas tratando de captar cada palabra. Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar ni un pedazo de papel de colores.

Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana se olvido al partir a Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebe. De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebe.

Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ello para ver si necesitaban alguna ayuda.

Todo fue bien hasta que llegue donde el pequeño Misha estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando mire el pesebre quede sorprendido al no ver un solo niño dentro de el, sino dos. Llame rápidamente al traductor para que le preguntara por que había dos bebes en el pesebre.

Misha cruzo sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia seriamente.

Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llego la parte en donde Maria pone al bebe en el pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo:

“Y cuando Maria dejo al bebe en el pesebre, Jesús me miro y me pregunto si yo tenia un lugar donde estar. Yo le dije que no tenía ni mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El.

Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenia que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo seria darle calor. Por eso le pregunte a Jesús: Si te doy calor, ¿Ese seria un buen regalo para ti?

Y Jesús me dijo:”Si me das calor, ese seria el mejor regalo que jamás haya recibido”. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miro y me dijo que podía quedarme allí para siempre.

Cuan el pequeño Misha termino su historia, sus ojitos brillaban de lagrimas empapando sus mejillas; se tapo la cara, agacho la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo.

El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de el. ¡Alguien que estarían con el para siempre!

Y yo aprendí que no son las cosas que tenes en tu vida lo que cuenta, sino a quienes tenes, lo que verdaderamente importa.

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